Abrojos en la Lana - Presentación en La Plata - 9 de junio 2017

Por la tardecita de ese viernes de junio, la presentación se inició cuando Esther Barnet, Presidente del Casal dels  Països Catalans, en cuyo salón se realizaba la misma,  inició sus palabras de bienvenida  significando el valor de  la celebración que significa la presentación de un libro, imaginando el esfuerzo de crear historias y haciéndonos zambullir en el mundo de las palabras. El casal se transformó una vez más, como dijera Galeano, en la casa de las palabras.


Esther Barnett, Presidente del Casal




Y como  a veces pareciera que no nos acostumbramos  a ellas o a los libros, esta bienvenida tuvo sabor a desafío. Que, con mucha fuerza, tomó Rosita Sabatté. Fue ella quien, ofreciendo a los presentes sus ovillos de lana, hizo que nuestros dedos los tocaran. Nos hizo sentir su tersura,  oler su perfume e imaginar cómo,  a partir de ese contacto, se puede recuperar la memoria y a la vez imaginar las  historias. ¿Por qué no animarse también a escribir? Asi, jugando con los ovillos nos dejó a los presentes todas las ganas de leer los cuentos y las historias de los Abrojos. 


Rosita Sabatté
 A partir de la cita  de algunos de los cuentos y   haciéndose preguntas  fue sugiriendo a  los presentes a leer, tan rápido como llegar a su casa y comenzar a hojear mis esas historias. Y transformar esos vellones de lana , blancos, des-abrojados y  escardados,  en ovillos llenos de palabras, de creaciones donde el mundo fantasioso e imaginario se va transformando de letra escrita en una historia que conmueve. Preguntas como “qué le pasó a Jerónimo que, al habérsele  escondido algunas consonantes”, no  podía hablar?

O Aquel niño que se defendía de la adversidad soplando para que el agua le lleve a alguien su pedido de ayuda, o aquel hombre, en la cocina de un invierno, que leía los cuentos a su familia. Preguntas y más preguntas en tono de complicidad, fue dejando en cada uno las ganas de comenzar a leer.





Alicia Juliánez


La fiesta siguió con mis amigas. Primero con Alicia Juliánez que con una suave y seductora voz de actriz leyó “La mujer de la silla”. Un anticipo de las historias y fue cuando el silencio de la sala, cual cuchillo filoso,  que cortaba el aire mientras ella seguía con esa historia otoñal de ternura y amor que ha dejado de ser mía para ser de todos.

















Alicia González


O cuando otra Alicia, esta vez, González, con la soltura de una vida dedicada  la docencia nos contó esa historia del “Vendedor de Palabras”, tan importante para un mundo que no cuenta con muchas de ellas y que son necesarias para la vida de todos los días. Los presentes maravillados con la actuación cayeron lentamente en la cuenta que se trata de una de las historias de los abrojos.





















Muchos cuentos quedaron ahí, sin ser nombrados, o sin ser citados. Pero están. Mis breves palabras con que intenté cerrar esa celebración fueron para invitar a escribir, para invitar leer, para seguir esa senda que nos abre la cabeza y nos permite pensar. No pude decir mucho, pese a lo que me gusta hablar.


Quise disimular la emoción porque ya la voz no emanaba  con soltura. Se quebraba. Entonces dije, lo que vuelvo a decir ahora: Gracias por leerme, por completar la obra de la palabra. Gracias.







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