Otro libro

Identidad e inmigración
Un espacio de convivencia
El objetivo trazado por el autor es producir nuevas formas institucionales con relación a los extranjeros e inmigrantes.
Para ello se fundamenta en el desarrollo de la importante migración habida en nuestro país y en los resultados positivos de la misma en cuanto a la formación de la historia nacional y del proceso de identidad del argentino actual. Si bien el proceso migracional desde el comienzo del proceso, iniciado como programas poblacionales y de colonización desde las esferas oficiales en la década del 80 en el s. XIX, hasta los últimos años de la primera mitad del S. XX, ha sido verdaderamente auspicioso y no ha sufrido en general las vicisitudes de intolerancia o discriminación que similares migraciones en otros países desarrollaron. El autor se anima a plantear en los actuales momentos, la necesidad de contar con un verdadero discurso hacia el inmigrante y hacia el extranjero en nuestro país y reclamar por lo tanto, el respeto y la tolerancia hacia nuestros conciudadanos que actualmente viven en otros países.

Para ello, parte de la necesidad de definir el concepto de identidad con el que parece chocan los descendientes de los inmigrantes o los extranjeros con los residentes locales. No existe una identidad del inmigrante y otra del residente actual. En realidad no se plantea como un crisol de razas, donde todas las culturas se mezclan y surge como resultado un “clon” único y sin personalidad. Por el contrario, se plantea un proceso de aceptación de las diferentes particularidades de los grupos migrantes y su compatibilización en el idéntico horizonte cultural, en el que todos los descendientes de extranjeros y particularmente de las oleadas migratorias de los siglos pasados, puedan sentirse argentinos sin renegar de las particularidades propias de su identidad. Por el contrario, pueden incorporar, revalorizar y vivir los aspectos que definieron la identidad de origen en el marco de la identidad nacional.
Llega entonces, a la necesidad de mantener estos signos de la identidad propia en un proceso de multiculturalidad que permite revalorizar los esfuerzos realizados tanto por los extranjeros migrantes como por los residentes locales, en un único esfuerzo de llevar el país adelante y teniendo como objeto primario, el bienestar de sus hijos y sus familias.

En una segunda parte sintetiza el proceso migratorio argentino y explica las razones de las migraciones en general y la producida en nuestro país en particular, partiendo de las razones que tienen los hombres para emigrar (que devienen de sus países de residencia, y las razones que perciben en los países de destino).
Particulariza posteriormente la experiencia de un grupo especial de inmigrantes como lo son los Alemanes del Volga. Este grupo ha tenido dos migraciones importantes: la primera desde Alemania (zonas de Hessen, Würtemberg, Westfalia, Turingia y Otras) hacia Rusia, convocados por el manifiesto de Catalina la Grande en 1763. La segunda migración se produce entre1880 y 1910 cuando, desestabilizada la zona y ante la insatisfacción de los colonos alemanes en Rusia, éstos deciden volver a migrar. Algunos lo hacen hacia Estados Unidos de América y Canadá, y otros grupos se dirigen hacia Argentina y minoritariamente a Brasil.
Explica el autor el proceso de mantenimiento de su identidad alemana en una situación verdaderamente hostil como es la que padecieron los colonos en las orillas del Volga, ya que las promesas difundidas en el Manifiesto de Catalina la Grande no se cumplieron a lo largo de su permanencia junto al Volga. Explica como mantuvieron su identidad de colonos alemanes, levantando murallas alrededor de valores importantes como la familia, la lengua y la religión, al punto tal que cuando deciden volver a migrar mantienen las mismas tradiciones culturales (identidad) que las que llevaban cuando salieron de Alemania.
Cuando se instalan en Argentina (en realidad rusos de origen, pero alemanes por su lengua y formación cultural) deciden mantener el mismo esquema de defensa de su identidad utilizado en Rusia, con la salvedad de que el residente local no era un peligro real para los migrantes alemanes. Por lo tanto, las barreras levantadas nuevamente sobre su lengua, su religión y su familia (nadie entra pero tampoco nadie sale) no hicieron mas que retrasar el proceso de integración y de socialización de los grupos migrantes con los residentes locales.
Es a partir de los años 1940 cuando por distintas razones las murallas levantadas se caen y el proceso de integración con los residentes locales comienza a funcionar. Nuevas leyes sobre educación nacional, la radio “a pilas” que permite sobrepasar las normas impuestas a la comunidad, el aumento demográfico de los grupos migrantes y su inserción en los centros laborales cercanos (Coronel Suárez, Bahía Blanca), como ciudades importantes a la que vuelven a migrar los hijos (Capital Federal, Rosario, Córdoba), la desacralización de la religión son todas razones por las que las barreras se caen y las nuevas generaciones de descendientes se integran profundamente a la vida y al desarrollo del trabajo, la educación, la familia, etc.

En la última parte del trabajo, el autor retoma los valores positivos del proceso migratorio, expresados en la tolerancia hacia los inmigrantes, la incorporación de valores positivos y distintos a la vida nacional (nuevas herramientas, capitales, formas éticas, etc). Por otra parte, se comienza a detectar un progresivo deslizamiento de extranjeros particularmente de los países vecinos hacia nuestro país. En este marco, el autor convoca a crear una nueva institucionalidad o una nueva forma de relacionarse tanto en los niveles oficiales, como en la vida cotidiana y privada, con los inmigrantes y extranjeros.
En primer lugar, esta nueva institucionalidad debe estar dirigida a la creación de un espacio de convivencia entre los argentinos y los extranjeros, donde la democracia juegue en papel importante y que a través de la misma, se resuelvan las situaciones de poder y los esquemas de privilegios y los grados de inequidad e irritación que existen en la sociedad, convocando a todos los sectores en la dirección de la justicia y la honestidad general.
En segundo lugar, tender al redescubrimiento de las raíces culturales, tanto de los habitantes residentes locales como aquellos que nacieron de descendientes extranjeros. No son consideradas como contradictorias las actitudes que definen tanto a los argentinos residentes locales como aquellos descendientes de inmigrantes. Ambos poseen una multiculturalidad que es necesario descubrir y defender, justamente con el objeto de lograr un proceso identificatorio mas profundo.
En tercer lugar, convoca a la construcción de una nueva institucionalidad identificatoria definiendo que las nuevas raíces no son ni contrapuestas ni emergentes sino que participan todas del mismo horizonte cultural. Para ello es necesario una nueva lectura de la historia, para que con este medio hermenéutico se pueda asociar nuestro pasado con el presente. Se deben enfrentar las nuevas situaciones inmigratorias (que progresivamente y por el deterioro de todos los países latinoamericanos ) se deslizan hacia Argentina. No es posible ocultar el problema sino enfrentarlo y generar las soluciones necesarias para incorporar al extranjero al sistema de vida, aún en situaciones de crisis como la presente.
De ahí que deban estructurarse programas concretos de acción por parte del poder oficial tanto hacia el extranjero como hacia el residente local. Con relación a los primeros resolver los problemas que su inserción implica (situaciones jurídicas, documentabilidad, desempleo, educación, sanidad). Será necesario revisar la legislación sobre las migraciones, la colonización y el poblamiento. Será también necesario “mapear” la existencia de extranjeros y grupos de extranjeros para lograr una correcta inserción a la vida local, sin que pierdan sus igualdades que los personifican y dignifican.
Es necesario también hacer un trabajo sobre el residente local: para que aceptando la situación con relación al extranjero no provoque por desconocimiento, situaciones de intolerancia y discriminación, en la intención que el residente local no se encuentre desinformado y frenar de ese modo, cualquier atisbo de xenofobia.
Estas respuestas permitirán por otra parte defender y cuidar a nuestros argentinos en el exterior. No hace falta hacer campaña en nuestro medio, también es necesario hacerlo en el exterior, no pensando inmediatamente en procesos de repatriación, sino de procurar que los mismos puedan desarrollarse en el extranjero, con la misma dignidad y respeto, sin necesidad de ser discriminados o ser objeto de intolerancias, muy comunes en muchos países europeos, según las informaciones que aparecen en los medios gráficos de los últimos tiempos.
Así como un siglo atrás, la sociedad, también en el centro de una crisis importante, supo mirar el progreso del mundo y concluyó que había que adecuar la realidad a nuestros sueños, en el momento presente y unificando todas estas fuerzas es posible construir esta nueva identidad que permitirá amplificar a Argentina ante el mundo, en el espíritu de creatividad y modernidad que nuestras generaciones urgentemente requieren.
Ante las nuevas formas de “globalización” es conveniente la reafirmación de nuestra identidad nacional como coexistencia realista y creativa de distintas lenguas, de distintas pieles, de distintos pueblos, de distintas religiones, de distintos modos de pensar el mundo, que uniéndose en un contexto democrático, aceptando la multiculturalidad de diferencias, sea capaz de darse su propio proyecto de país, donde vuelvan a sonar con fuerza y con armonía aquellas palabras con que iniciamos nuestro ensayo:

“ ...asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.